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Los Payasos del circo: características, historia y tipos

Los Payasos del circo: características, historia y tipos

“Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón…”. Nunca nos cansaremos de cantar esta entrañable canción de los Payasos de la Tele, y es que, siempre que nos ponemos a hablar, a escribir o a leer sobre los payasos, esta melodía se nos viene a la cabeza, y ya sabemos que nos acompañará durante todo el día… ¡Y qué bonitos recuerdos de la infancia nos llegan con ella!

Por eso, hemos querido convertir este artículo en un auténtico homenaje a la figura del payaso de circo, uno de los mayores símbolos en la historia de estos fantásticos espectáculos.

En Cirque Magique, los payasos son un icono fundamental que inspira buena parte de nuestros diseños y productos, como estas camisetas, bodies y batas escolares, los teatros de marionetas, o el famoso libro de “El Payaso que hay en ti.

¡Echadles un ojo, seguro que os encantarán!

¿Cómo son los payasos del circo? Conoce sus características

Si ya tienes edad para haber disfrutado en vivo y en directo de un circo, perfectamente sabrás cómo es un payaso, pero muchos pequeños todavía no los conocen.

Así que, tratando de pausar por un momento los videojuegos o la televisión, les presentaremos a estas nuevas generaciones a los que han sido los verdaderos protagonistas del entretenimiento popular durante toda la historia.

Tal y como comentamos en este artículo sobre los principales personajes del circo, los payasos modernos suelen ir vestidos con ropas extravagantes y maquillajes excesivos, narices redondas y rojas, caras pintadas de blanco, enormes sonrisas dibujadas en su rostro, grandes pelucas y diminutos sombreros. Seguro que ya nos vamos haciendo una idea de cómo son, ¿verdad?

Micky

¿Y qué más podemos decir de sus vestimentas? La imagen más frecuente que nos viene a la cabeza si pensamos en un payaso es un personaje ataviado con ropas anchas y colores llamativos, un poco desaliñado y desconjuntado, con sus característicos tirantes súper elásticos, sus zapatones gigantescos y una gran flor en la solapa. Al menos, nos los solemos imaginar así, pero ya descubriremos más adelante que hay distintos tipos de payasos y que no todos van vestidos de esta forma, ¡ya lo veréis!

Su cometido, como bien es sabido por todos, es el de entretener. Y cuentan con mil maneras diferentes de hacerlo. Hacen reír gracias a su rara forma de hablar, realizan sorprendentes juegos malabares y acrobacias impostando su torpeza, hacen formas con los globos, tocan instrumentos o hacen mimo...en fin, ¡sus recursos son ilimitados!

Ahora bien, los payasos no han sido siempre así, y en este artículo echaremos la vista atrás en busca de los orígenes del oficio de payaso.

Historia de los payasos, desde sus orígenes hasta el circo moderno

Quizás os lo hayáis preguntado alguna vez: ¿cuál es el origen de los payasos? Pues la respuesta es bien sencilla, ¡desde que existe el entretenimiento y la necesidad de hacer reír!

Parece una respuesta demasiado simple, pero para entrar en detalle hay que remontarse muchos siglos atrás, y lo curioso, además, es que surge a la vez en diversas partes del mundo. De ahí nuestra respuesta ;)

Payasos y bufones en el Antiguo Egipto

En concreto, los primeros indicios de personajes similares a los payasos se encuentran en el Antiguo Egipto, hace nada más y nada menos que unos 4.500 años. Por entonces, formaban parte de la corte del faraón Dadkeri.

¿Y cómo eran estos “payasos”? Os preguntaréis. Desde luego, apenas se parecían a los que conocemos hoy en día, como os podréis imaginar. En esta época, los encargados de entretener a los faraones y a la corte eran pigmeos africanos. 

¿Y cómo eran sus actuaciones? Desde luego, tampoco se parecen en nada a cómo son ahora. Estos “payasos primigenios” se encargaban de amenizar a su público imitando a los diferentes dioses egipcios.

Para ello, iban ataviados con pieles de leopardo y máscaras, e incluso en esta época tan temprana ya había cierto reconocimiento para estos artistas. En el siglo II a.C., por ejemplo, un bufón enano llamado Dangas gozó de una gran fama y del beneplácito del Faraón Pepi I, tanto es así que su nombre y su historia han perdurado hasta nuestros días.

Los bufones del Imperio Chino

Por su parte, en China se profesionalizó este oficio en el siglo II antes de Cristo, y ya no sólo para el disfrute de las cortes de los reyes, también para el de toda la sociedad de la época. Y es que en la Antigua China el bufón era un personaje que había calado profundamente en el devenir del Imperio, ¡incluso llegando a hacer recomendaciones políticas al propio Emperador!

Una anécdota muy representativa de la importancia que cobraron aquellos artistas es la del bufón Yu Sze. Su emperador, Shih Huang-Ti, estaba empecinado en pintar la Gran Muralla China y, como os podréis imaginar, nadie se atrevía a contradecirle a pesar de que buena parte de la sociedad estaba en contra de ello.

El pueblo sentía que ya se habían perdido muchas vidas en esta megaconstrucción, como para seguir poniendo en peligro a más personas por capricho del emperador. Pero tuvo que ser Yu Sze, conocedor del sentir de la sociedad, quien con ingenio e inteligencia, revistiendo sus críticas de inocentes bromas cómicas, logró que el emperador comprendiera su error, cambiara de opinión y desistiera de su propósito.

Los payasos en Europa

En esa misma época, la Antigua Greciay el Imperio Romano fueron otros dos de los lugares señalados en los que emergieron figuras cómicas que se relacionan con el origen de los payasos. Es más, empezaron a jugar un papel mucho más parecido al actual, ya que estos artistas no fueron en ningún momento bufones de la corte.

Por ejemplo, en la Antigua Grecia eran un personaje muy habitual dentro de muchos espectáculos. La apariencia de estos cómicos era, cuanto menos, curiosa. Eran actores secundarios rapados al cero y con una indumentaria rellenada que les hacía parecer mucho más grandes y corpulentos. Se encargaban de hacer parodias de personajes de la época, provocando la carcajada generalizada del público.

En el Imperio Romano, este personaje cómico llevaba otra indumentaria bien distinta, con sombrero de punta, una túnica de colores llamativos, y su comportamiento histriónico le convertía en el blanco de las bromas y las burlas de sus compañeros de escenario.

La siguiente referencia la encontramos con el paso de los siglos, en plena Edad Media. En esta época los artistas cómicos estaban, de nuevo, al servicio exclusivo de la corte. Conocidos inicialmente como bufones, sus rudimentarias técnicas de entretenimiento se irían perfeccionando con el paso del tiempo, mostrando posteriormente mayores similitudes con la labor de los payasos, los juglares o los malabaristas medievales que todos conocemos por cuadros, libros o películas.

Y precisamente es, tras la Edad Media, cuando este personaje da un salto cualitativo, ¡y ojo!, a partir de este momento empieza a germinar la historia que todos conocemos del payaso dentro del mundo del circo.

Pero volviendo a finales de la Edad Media, fuera de los muros de los castillos, comienzan a surgir multitud de personajes que imitan a los bufones de la corte y que participan en espectáculos ambulantes; estos comediantes viajeros se trasladaban de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, realizando sus espectáculos cómicos en épocas festivas, y comenzaron a gozar de una tremenda popularidad entre los habitantes de las poblaciones que visitaban.

En el siglo XVI podemos encontrar el más claro ejemplo de esto, el de la Compañía del Arte de Italia, constituida por agrupaciones de artistas ambulantes, que dieron lugar al archiconocido Arlequín, el cual representaba en sus orígenes a un sirviente cómico y atolondrado, que más tarde se convertiría en un personaje astuto e incluso tramposo.

Estos espectáculos se expandieron rápidamente por toda Europa, donde la figura del clown se popularizó y se generalizó llegando a ser un oficio profesional, con un puesto fijo en prestigiosas compañías como la de Shakespeare, en el siglo XVII, incluyendo en sus actuaciones algunos elementos distintivos que ya comienzan a resultarnos familiares, como grandes zapatos, abrigos sin mangas y lechuguilla. Esta apariencia serviría como referencia para el futuro payaso Cara Blanca, del que pronto hablaremos con detalle, el cual se popularizó a través de Pipo Sosman, a finales del siglo XVII, en Francia.

La llegada del payaso al circo

A partir del siglo XVII, el payaso dio un nuevo salto a otro tipo de espectáculos, apareciendo con frecuencia en teatros y, cómo no, posteriormente en el mundo del circo, ¿pero cuándo sucedió esto?

Para saber cómo llegó el payaso al mundo del circo, nos tenemos que trasladar precisamente al que se podría considerar el primer circo de la historia, al menos tal y como los conocemos hoy en día, el Anfiteatro Astley, surgido en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII.

Philip Astley creó este exitoso espectáculo ecuestre, y además diseñó e incluyó el primer número de “clown” del circo, denominado “Billy Button”, un sastre que, con torpeza, intentaba montar un caballo y, tras varios intentos frustrados, lograba a duras penas conseguirlo, galopando a toda velocidad hasta que un brusco frenazo le hacía salir volando de su montura, yendo a parar al suelo de la pista, despertando las carcajadas de todo el público.

Tipos de payasos del circo, tal y como los conocemos hoy en día

Como hemos comentado anteriormente, todos tenemos un estereotipo común de cómo es un payaso, de su vestimenta y de los números que protagoniza.

Sin embargo, han existido diversos tipos de payasos, y aunque muchos de ellos a día de hoy ya no son tan comunes, han sido una parte esencial en la historia de esta profesión. Veamos, pues, cuáles son los diferentes tipos de payasos clásicos.

Cara Blanca

Seguro que lo reconoces por haber aparecido en numerosos cuadros y carteles clásicos del circo, su inseparable color blanco, tanto en su vestimenta como en su maquillaje, es su signo distintivo por excelencia. En sus actuaciones se caracteriza por aparentar seriedad y dignidad, en contraposición con el resto de payasos. Suele llevar un traje con lechuguilla y un pantalón ancho en la parte superior y medias en la parte inferior,engalanado con detalles brillantes, y un largo y puntiagudo gorro blanco.

Esta figura, cuando actúa en solitario, se conoce artísticamente como clown y, cuando lo hace con otros personajes, es payaso, ya que en solitario no necesariamente realiza números cómicos.

Como ya hemos comentado, se podría considerar al primer Payaso Cara Blanca a Pipo Sosman, el cual tenía la cabeza rapada y la cara enharinada, creado inicialmente como un personaje necio y embobado, posteriormente, evolucionó a través del artista Jean Baptiste Gaspard Deburau, el cual le dio ese toque melancólico y triste que le caracterizó a partir de entonces.

Augusto

El Payaso Augusto es el que suele cumplir todos los tópicos que se nos vienen a la cabeza cuando hablamos de payasos. Al menos, en cuanto a su vestimenta se refiere, ¡claro está! Por lo general, el Augusto es un payaso de nariz roja, maquillado de rojo y blanco y lleva una colorida peluca. Por supuesto, no podían faltar sus ropas llamativas y desaliñadas, sus comportamientos histriónicos y sus enormes zapatos. Se caracteriza por ser divertido y travieso, siendo el que “descoloca” al Payaso Cara Blanca, aportando el aspecto cómico que equilibra el espectáculo.

Su discutido origen está rodeado de un aura de incertidumbre. A través de Tom Belling, acróbata americano que trabajaba en el circo Renz de Alemania a finales del siglo XIX, nos llegan algunas anécdotas que cuentan cómo el artista se encerró en el camerino tras una discusión con su manager y salió de allí disfrazado con las ropas más disparatadas que encontró, y comenzó a imitarle y a burlarse de él. Tras ser descubierto, huyó hacia la pista donde tropezó varias veces, provocando la carcajada del público, el cuál le gritaba “August”, sinónimo de borracho o loco.

Sin embargo, una teoría más creíble, aunque mucho menos original, nos cuenta que probablemente este artista copiara ese número de un espectáculo del circo ruso, en concreto el de un personaje llamado R’izhii (pelo rojo), para posteriormente popularizarlo en Alemania.

A partir del Payaso Augusto, surgirían otras figuras similares, como el Contraugusto, conocido por su torpeza, o el Payaso Tony, llamado así en Latinoamérica, que también se caracteriza por su torpeza y va ataviado con trajes excesivamente grandes o ridículamente pequeños.

Existen numerosos payasos que han sido reconocidos a nivel mundial por su trabajo como Augusto, como Albert FratelliniTom Belling, o Tony Grice, el cuál le otorgó el nombre de “Tony” tan afamado en los países Latinoamericanos. Sin olvidarnos del mítico payaso jacetano Marcelino Orbés, que llegó a ser conocido en su época como el mejor payaso del mundo.

Como podéis ver, desde sus orígenes hasta nuestros tiempos, los payasos han sido unos personajes indispensables para el arte del entretenimiento. Y no sólo en el circo, también en cualquier otro tipo de espectáculo festivo o celebración popular que se haya dado desde las primeras sociedades hasta nuestros días.

¡Un personaje inolvidable que siempre logrará arrancarnos una sonrisa, por no decir una tremenda carcajada!

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